Con el reciente fallecimiento del ex Presidente de la Junta de Galicia, las opiniones que le alaban y las que se indignan ante una figura clave en el franquismo que ha fallecido impune a sus crímenes pasados, llena ríos de tinta.

 

 

 

Manuel Fraga Iribarne, falleció el pasado 15 de enero en su domicilio de Madrid. Vivió en la más absoluta impunidad tras los crímenes cometidos a lo largo de su carrera política.

 

Por José Daniel Fierro 

Manuel Fraga, presidente fundador del Partido Popular, falleció el pasado 15 de enero , sobre las 22.30 horas, en su domicilio de Madrid a los 89 años de edad. Vivió en la más absoluta impunidad tras los crímenes cometidos a lo largo de su carrera política, y murió en la cama como su mentor el genocida Francisco Franco.

Y se fue... sin que se lo hubiera podido juzgar por sus crímenes. Hace una semana, la Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica (CMRH) remitió un documento a la Justicia argentina para que investigaran su pasado franquista. En una reciente entrevista Rubén Alfonso Lobato, miembro de la CMRH, responsabilizó al dirigente del Partido Popular de reprimir a los demócratas, del fusilamiento del dirigente comunista Julián Grimau y el ajusticiamiento de los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado.

 

Nacido en Vilalba (Lugo) el 23 de noviembre de 1922. Manuel Fraga se afilió muy joven a la Falange Española de las JONS (el partido único de Franco). Fue un miembro muy destacado del régimen de terror de Franco: secretario general del Instituto de Cultura Hispánica en 1951; secretario nacional del Consejo de Educación Nacional, secretario general técnico del Ministerio de Educación en 1953, y Consejero Nacional del Gobierno de Franco. Finalmente, fue recompensado por el Caudillo con el Ministerio de Información (ministerio de Agitación y Propaganda) y con la Vicepresidencia en el primer gobierno de la monarquía española.

Durante su mandato como Ministro de Información, cargo para el que Fraga fue nombrado en 1962, ordenó la publicación de la extremadamente represiva Ley de Prensa e Imprenta, junto con el Estatuto de la Publicidad, dos de los más importantes pilares del régimen fascista.

 

En 1973, Manuel Fraga fue nombrado Embajador de España en el Reino Unido, un cargo que ocupó durante dos años. En 1975, tras la muerte de Franco, Fraga regresó a España con la idea en mente de ser nombrado sucesor del Caudillo. Cuando el rey Juan Carlos decidió no nombrarle a él como presidente del gobierno español, Manuel Fraga montó en cólera y exigió a Juan Carlos ser nombrado Ministro de Gobernación. Desde ese cargo, Fraga ordenó los asesinatos de Montejurra, en los que tres personas fueron asesinadas por cuerpos de paramilitares españoles.

 

 


Fraga Iribarne, asesino de obreros

 

Durante el mes de enero de 1976 unos seis mil trabajadores iniciaban una huelga en contra del decreto de topes salariales y en defensa de mejores condiciones de trabajo. Dos meses después convocaban por tercera vez una huelga general que fue masivamente seguida el día 3 de marzo. Ese mismo día la policía armada entró en la Iglesia San Francisco de Asís en Vitoria, en la que estaba previsto realizar una asamblea de trabajadores y, haciendo caso omiso de la decisión del párroco y del contenido del Concordato, conminó al desalojo. Apenas unos segundos después disparaban gases lacrimógenos en un recinto cerrado y abarrotado de gente creando indignación y sobre todo pánico. Los que salieron por delante medio asfixiados y con pañuelos en la boca fueron apaleados por los flancos y a los del frente les dispararon.

 

Manuel Fraga Iribarne, entonces Ministro de la Gobernación, junto con Rodolfo Martín Villa, Ministro de Relaciones Sindicales, resolvieron la situación a tiro limpio. La represión en Vitoria produjo cinco muertos y centenares de heridos.

 

Ese mismo año Manuel Fraga fundó Alianza Popular y colaboró en la redacción de la Constitución Española. Años después, en 1989, refunda AP que pasa a ser Partido Popular y del que se haría cargo José María Aznar, que fue designado candidato a la presidencia del Gobierno.

 

Como el mejor maestro de la propaganda española de todos los tiempos, desde el 5 de febrero de 1990, Manuel Fraga ocupó el puesto de presidente de la Xunta de Galicia, tras tres procesos electorales cada vez más y más manipulados. Curiosamente, él había sido en 1978 el líder del movimiento fascista que se opuso a las autonomías en España, y muy especialmente a la gallega.

Durante su mandato como Presidente de la Xunta, Fraga fomentó el nepotismo, los sobornos y la corrupción. Convirtió al Parlamento gallego en un órgano muerto, y obtuvo un peculiar éxito: mientras que España creció económicamente en el periodo 1991-1999, Galicia se hundió sin embargo más y más en el paro y la miseria.

Seguidor de las doctrinas del fascismo radical internacional, Manuel Fraga se ha distinguido en los últimos años por sus declaraciones, en las que niega el Holocausto judío y los crímenes de la Inquisición española, o por considerar que Pinochet cometió "algunos excesos" pero dejó Chile mejor de lo que se lo encontró. Como hombre ególatra y despótico fue muy conocido -incluso admirado- a causa de sus arranques de mal humor y por su insistencia personal en ser llamado "Don Manuel".
En otoño de 2002, el Congreso de los Diputados rechazó una propuesta de Izquierda Unida (IU) para rehabilitar la memoria de Julián Grimau, porque el Partido Popular consideró que eso sería “reabrir un proceso para revisar la Transición”. A lo que el diputado de IU Luis Carlos Rejón contestó: “Es duro que uno de los verdugos esté rehabilitado y la víctima no. A Fraga se le dio la oportunidad de presentarse a unas elecciones y ser un padre de la Constitución. A mí me habría gustado que determinado consejo de ministros le hubiera dado la posibilidad a Julián Grimau de haber ido de número tres en la lista del PCE en 1977”.

 

 

 




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